SU EX LA INVITÓ A SU BODA PARA HUMILLARLA… PERO ELLA LO DEJÓ EN SHOCK…

Doña Antonia probó la crema en su muñeca. Perfecta textura. Tienes un don, Alejandra. Deberías estudiar química cosmética formalmente. A mi edad, Alejandra Río, tengo dos torbellinos de 5 años que ocupan todo mi tiempo libre. Como si los hubiera invocado, Pablo y Pedro entraron corriendo al laboratorio. Vestían uniformes escolares idénticos, aunque Pablo llevaba el suyo desaliñado, mientras Pedro mantenía cada botón en su lugar. “Mamá!”, gritó Pablo agitando un papel. Mira mi dibujo, es nuestra familia. Alejandra examinó el colorido dibujo.

Cuatro figuras bajo un solente, dos pequeñas, una mediana y una mayor. Somos nosotros, la abuela Antonia, tú y Pedro y yo, explicó Pablo. Pedro, más callado como siempre, mostró su propio dibujo, similar, pero con un detalle adicional. una figura masculina apartada del grupo con un signo de interrogación por cara. ¿Quién es este?, preguntó Alejandra, aunque ya sabía la respuesta. Es papá, respondió Pedro en voz baja. No sé cómo es su cara. El corazón de Alejandra se encogió.

Últimamente las preguntas sobre su padre eran más frecuentes. Los gemelos veían a otros niños con sus padres y notaban la diferencia. Niños, vayan a cambiarse”, intervino doña Antonia notando la incomodidad de Alejandra. Lucía los espera para merendar. Cuando los niños salieron, Alejandra se dejó caer en una silla. “No sé qué decirles, doña Antonia.” Cada vez preguntan más. “¿Necesitan saber algo, hija?” “No todo, pero algo.” Esa noche, después de las cenas, Alejandra reunió valor, sentó a los gemelos en la sala y apagó la televisión.

Quiero hablarles de su papá”, dijo con voz suave. Los niños la miraron con ojos grandes y expectantes, tan parecidos a Sebastián que dolía mirarlos. “Su papá se llama Sebastian”, comenzó. “Lo conocí cuando trabajaba en su oficina en San Diego. ¿Era tu jefe?”, preguntó Pablo, siempre curioso. Sí, era guapo e inteligente. Nos enamoramos, pero a escondidas, porque no estaba bien que el jefe saliera con su secretaria. Como un secreto. Los ojos de Pedro brillaron. Le encantaban los secretos.

Exacto. Nuestro amor era un secreto. Alejandra respiró hondo. Cuando supe que ustedes venían en camino, me puse muy feliz. Pero su papá, él no estaba listo para ser padre. ¿Por qué no? Pablo frunció el ceño. A veces los adultos tienen miedo a las responsabilidades, explicó Alejandra eligiendo cada palabra. Él tenía planes diferentes para su vida y no incluían bebés en ese momento. No nos quería. La voz de Pedro tembló. Alejandra abrazó a sus hijos. Él no los conocía, mis amores.

No sabía lo maravillosos que serían. Yo decidí venir aquí a Chula Vista para empezar una nueva vida y encontramos a doña Antonia que nos quiere como si fuéramos su familia. Nunca vamos a conocerlo, preguntó Pablo. Alejandra dudó. No lo sé, cariño. Quizás algún día cuando sean mayores. Lo importante es que tienen mucho amor aquí con nosotros. Esa explicación pareció satisfacerlos por el momento. Alejandra los arropó como cada noche, con besos y cuentos. Cuando se durmieron, fue al jardín a llorar en silencio bajo las estrellas.

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