SU EX LA INVITÓ A SU BODA PARA HUMILLARLA… PERO ELLA LO DEJÓ EN SHOCK…

Alejandra despertó a Pablo y Pedro, que entraron adormilados a la habitación. Con sus pijamas iguales y pelo revuelto se acercaron a la cama de la anciana. “Mis pequeños tesoros”, susurró doña Antonia, “vengan a despedirse de la abuela. Los niños, aunque solo tenían 5 años, entendieron la gravedad del momento. Se acercaron y besaron sus mejillas. Te queremos, abuela”, dijo Pablo. “No te vayas”, añadió Pedro con lágrimas. “Siempre estaré con ustedes, prometió doña Antonia. En cada recuerdo feliz, en cada risa, estaré ahí.” Después pidió un momento a Solas con Alejandra.

“Prométeme algo”, dijo tomando su mano con las pocas fuerzas que le quedaban. No dejes que el rencor te consuma, ni por Sebastián, ni por los sobrinos, ni por nadie. El odio envenena primero a quien lo siente. Lo prometo, respondió Alejandra entre lágrimas. Y una cosa más, añadió con una sonrisa débil, sé feliz. Es la mejor venganza contra quienes te lastimaron. Esa noche, rodeada de quienes realmente la amaban, doña Antonia cerró los ojos por última vez. Su rostro reflejaba paz como quien termina un largo viaje y por fin descansa.

El funeral fue sencillo pero emotivo. Amigos, empleados y clientes fieles llenaron la pequeña iglesia. Los gemelos, vestidos de negro por primera vez, permanecieron junto a su madre con dignidad sorprendente para su edad. Jorge y Silvia en primera fila interpretaban el papel de familiares desconsolados, pero sus ojos fijos en Alejandra revelaban su verdadera preocupación. La lectura del testamento tres días después confirmó sus peores temores. El abogado, un hombre mayor que había servido a la familia Vidal por décadas, leyó las últimas voluntades de doña Antonia con voz firme.

A Alejandra Mendoza y sus hijos, Pablo y Pedro, les dejo la empresa Esencias Vidal, la mansión familiar y la mitad de mis bienes en agradecimiento por el amor y compañía que me brindaron en mis últimos años. El grito de Silvia interrumpió la lectura. Esto es un fraude, exclamó poniéndose de pie. Esta mujer manipuló a nuestra tía cuando estaba débil y enferma. El testamento fue firmado hace 6 meses cuando doña Antonia gozaba de plena lucidez mental”, respondió el abogado con calma.

“Ya hay un video donde ella explica sus razones. Lo impugnaremos”, amenazó Jorge. Esa empresa nos pertenece por derecho familiar. Alejandra, que había permanecido en silencio, se levantó con dignidad. “Doña Antonia sabía que harían esto,” dijo con voz clara. “Por eso dejó todo en regla. Pueden intentar lo que quieran, pero respetaré su última voluntad hasta las últimas consecuencias.” La batalla legal que siguió fue brutal. Jorge y Silvia contrataron abogados agresivos que cuestionaron la salud mental de doña Antonia, la integridad de Alejandra e incluso insinuaron relaciones inapropiadas.

Pero doña Antonia, sabia hasta el final, había preparado todo. El video testamentario, las evaluaciones médicas que certificaban su lucidez y los testimonios de amigos respetados en la comunidad formaron una muralla impenetrable. Seis meses después, el juez falló a favor de Alejandra. La empresa, la mansión y la herencia quedaron definitivamente en sus manos. Esa noche, sola en el jardín donde tantas veces había visto a doña Antonia contemplar las estrellas, Alejandra lloró no por la victoria legal, sino por la ausencia de quien había sido su guía y protectora.

Lo logramos, doña Antonia”, susurró al cielo estrellado. “Y cumpliré mi promesa. Seré feliz por usted y por mis hijos.” Lo que no sabía era que la vida aún guardaba sorpresas, algunas dulces y otras amargas, en el camino que apenas comenzaba a recorrer como heredera del legado Vidal. El sol de la mañana iluminaba la nueva sede de cosméticos Antonia. El edificio de cristal y acero, ubicado en la zona empresarial de San Diego poco tenía que ver con el modesto invernadero donde todo comenzó.

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