SU EX LA INVITÓ A SU BODA PARA HUMILLARLA… PERO ELLA LO DEJÓ EN SHOCK

Un relámpago iluminó el jardín, mostrando una rama caída que bloqueaba el camino. “Las calles deben estar inundadas”, dijo doña Antonia cerrando la puerta. Llamaré al Dr. Fuentes. El médico particular de la familia contestó al tercer timbre. Un parto gemelar prematuro. Su voz sonaba preocupada. Las ambulancias están colapsadas por la tormenta. Intentaré llegar, pero prepárense para un parto en casa.

Doña Antonia, con una calma que solo dan los años, organizó todo. Transformó la habitación de Alejandra en una sala de parto improvisada. Sábanas limpias, agua hervida, toallas esterilizadas. “Mi madre era partera”, explicó mientras preparaba todo. La ayudé en muchos nacimientos cuando era joven. Alejandra, entre contracciones cada vez más intensas, la miró con gratitud. “Tengo miedo”, confesó.

Doña Antonia tomó su mano. El miedo es natural, hija, pero eres más fuerte de lo que crees. Tres. Horas después, el doctor Fuentes llegó empapado y con su maletín médico protegido bajo el abrigo. “Justo a tiempo”, dijo examinando a Alejandra, “Estás completamente dilatada. Es hora de traer a esos niños al mundo. El parto fue difícil.

El primer bebé, Pablo, nació tras media hora de pujos. Su llanto fuerte llenó la habitación mientras doña Antonia lo limpiaba y envolvía. Es hermoso”, dijo mostrándoselo a Alejandra. “Tiene tus ojos.” Pero no hubo tiempo para celebrar. El segundo bebé venía en posición complicada. El doctor trabajaba con concentración mientras Alejandra perdía fuerzas.

“Vamos, Alejandra, un esfuerzo más”, animó el médico. Con un grito desgarrador, Alejandra dio a luz a Pedro. A diferencia de su hermano, no lloró inmediatamente. El doctor lo volteó y le dio unas palmadas hasta que un débil llanto surgió. “Está bien”, aseguró. “Solo necesita un poco de ayuda.” Fue entonces cuando Alejandra sintió que algo no iba bien.

Un mareo intenso la invadió mientras un charco de sangre crecía bajo ella. “Estáragando.” La voz alarmada del doctor parecía venir de muy lejos. Necesito detener esto ahora. Alejandra vio a doña Antonia sosteniendo a los dos bebés. Quiso hablarle, pero las palabras no salían. La oscuridad comenzó a envolverla.

Doña Antonia logró susurrar. Si no sobrevivo, prométame que cuidará de ellos. No digas eso. La mujer mayor tenía lágrimas en los ojos. Vas a estar bien, prométalo”, insistió Alejandra sintiendo que se desvanecía. “No dejen que su padre los encuentre. Él no los quiso. Lo prometo”, dijo doña Antonia.

“Pero tú vivirás para criarlos.” Fue lo último que Alejandra escuchó antes de sumergirse en la oscuridad. Los días siguientes fueron una lucha entre la vida y la muerte. El doctor Fuentes se quedó en la mansión monitoreando constantemente a Alejandra y los recién nacidos. Doña Antonia contrató enfermeras y convirtió una habitación de la casa principal en enfermería.

Nunca vi a nadie aferrarse a la vida con tanta fuerza”, comentó el doctor una noche después de cambiar la transfusión de sangre. Es como si algo la mantuviera aquí. Sus hijos”, respondió doña Antonia meciendo a Pedro en sus brazos mientras una enfermera alimentaba a Pablo con biberón.

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