SU EX LA INVITÓ A SU BODA PARA HUMILLARLA… PERO ELLA LO DEJÓ EN SHOCK

La empresa de cosméticos crecía lentamente, permitiéndole ahorrar para el futuro de sus hijos. Un domingo, mientras paseaban por el parque, un hombre pasó junto a ellos, alto, de traje oscuro y pelo negro. Por un segundo, el corazón de Alejandra se detuvo creyendo ver a Sebastián, pero al girarse comprobó que era solo un extraño con un parecido casual.

¿Estás bien?, preguntó doña Antonia notando su palidez. Sí, solo creí ver a alguien. A él. Alejandra asintió. A veces me pregunto qué haría si nos encontráramos, si viera a los niños. ¿Qué crees que harías? Alejandra observó a sus hijos jugando en los columpios, sus risas mezclándose con el viento. Antes pensaba en venganza, confesó, en hacerle sentir el mismo dolor que me causó.

Pero ahora solo quiero protegerlos, que nunca sepan lo que es sentirse rechazados por quien debería amarlos incondicionalmente. Doña Antonia tomó su mano. Has crecido, Alejandra. El dolor te ha hecho más sabia, no más amarga. Eso es verdadera fortaleza. Esa noche, mientras arropaba a sus hijos, Alejandra los miró dormir, tan parecidos y tan distintos a la vez.

Pablo con su energía, incluso en sueños, Pedro con su calma contemplativa. “Los amo más que a mi vida”, susurró besando sus frentes. “Y eso nunca cambiará, pase lo que pase.” Lo que no sabía era que el destino, siempre impredecible, ya preparaba el camino para un encuentro que cambiaría todas sus vidas. Porque algunas historias, por más que intentemos cerrarlas, siempre encuentran manera de continuar.

La pequeña fábrica de cosméticos ocupaba ahora todo el antiguo invernadero de la mansión, lo que comenzó como un pasatiempo de doña Antonia se había transformado en un negocio próspero bajo la influencia de Alejandra. “Nunca pensé que Esencias Vidal crecería tanto”, comentó doña Antonia mientras revisaban los pedidos del mes. “Tenemos clientes en tres estados.

” Alejandra sonrió orgullosa del trabajo logrado en estos años. A los 33 años había encontrado su vocación en la creación de productos naturales. Sus manos, que una vez temblaron al servir café, ahora mezclaban ingredientes con la precisión de una artista. “La nueva línea para pieles sensibles está lista”, dijo mostrando unos frascos de cristal con crema color perla.

Usé extracto de caléndula y aceite de almendras. Doña Antonia probó la crema en su muñeca. Perfecta textura. Tienes un don, Alejandra. Deberías estudiar química cosmética formalmente. A mi edad, Alejandra Río, tengo dos torbellinos de 5 años que ocupan todo mi tiempo libre. Como si los hubiera invocado, Pablo y Pedro entraron corriendo al laboratorio.

Vestían uniformes escolares idénticos, aunque Pablo llevaba el suyo desaliñado, mientras Pedro mantenía cada botón en su lugar. “Mamá!”, gritó Pablo agitando un papel. Mira mi dibujo, es nuestra familia. Alejandra examinó el colorido dibujo. Cuatro figuras bajo un solente, dos pequeñas, una mediana y una mayor.

Somos nosotros, la abuela Antonia, tú y Pedro y yo, explicó Pablo. Pedro, más callado como siempre, mostró su propio dibujo, similar, pero con un detalle adicional. una figura masculina apartada del grupo con un signo de interrogación por cara. ¿Quién es este?, preguntó Alejandra, aunque ya sabía la respuesta. Es papá, respondió Pedro en voz baja.

No sé cómo es su cara. El corazón de Alejandra se encogió. Últimamente las preguntas sobre su padre eran más frecuentes. Los gemelos veían a otros niños con sus padres y notaban la diferencia. Niños, vayan a cambiarse”, intervino doña Antonia notando la incomodidad de Alejandra. Lucía los espera para merendar.

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