SU EX LA INVITÓ A SU BODA PARA HUMILLARLA… PERO ELLA LO DEJÓ EN SHOCK

” Lo que Alejandra no imaginaba era que ese día llegaría antes de lo esperado y de una forma que nunca hubiera podido prever, porque el destino, maestro de coincidencias, ya movía sus hilos invisibles para reunir lo que una vez se separó. El otoño llegó con vientos fríos y hojas doradas que cubrían el jardín de la mansión.

Doña Antonia, sentada en su sillón favorito junto a la ventana, observaba a los gemelos jugar entre las hojas caídas. A sus 78 años, su cuerpo se había debilitado, pero sus ojos verdes mantenían la misma vivacidad de siempre. Alejandra entró con una taza de té de hierbas. “Le traje su infusión favorita”, dijo colocándola en la mesita. “Con miel, como le gusta.” Doña Antonia sonrió con esfuerzo.

Siéntate conmigo, hija. Necesito hablar contigo. Algo en su tono alertó a Alejandra. Se sentó frente a ella tomando sus manos arrugadas entre las suyas. ¿Qué pasa? Fui al médico ayer. Doña Antonia habló con calma. Los resultados no son buenos. El mundo de Alejandra se detuvo por un instante. ¿Qué le dijeron? Cáncer de páncreas.

Muy avanzado, respondió la anciana sin rodeos. No hay mucho que hacer, excepto controlar el dolor. No. Alejandra negó con la cabeza. Debe haber tratamientos, especialistas. Los hay, querida, pero a mi edad y con lo avanzado que está, doña Antonia apretó sus manos. He vivido una vida plena. No tengo miedo.

Las lágrimas corrieron por las mejillas de Alejandra. Esta mujer que había sido su salvación, su guía, su segunda madre. Ahora enfrentaba el final de su camino con la misma dignidad con que había vivido. ¿Cuánto tiempo?, preguntó con voz quebrada. Seis meses, quizás menos. Doña Antonia miró por la ventana hacia los niños.

suficiente para poner todo en orden. Los meses siguientes fueron una mezcla de dolor y momentos preciosos. Doña Antonia, rechazando tratamientos agresivos, optó por cuidados paliativos en casa. Alejandra reorganizó su vida para estar a su lado cada minuto posible.

Por las tardes, cuando el dolor disminuía gracias a la medicación, doña Antonia contaba historias a los gemelos sobre su juventud en España, sobre su difunto esposo, sobre la nieta Lucía, que ahora estudiaba medicina en Europa. “Ustedes son mi familia también”, les decía acariciando sus cabezas. “La familia que el corazón elige es tan real como la de sangre”.

Una noche, mientras los niños dormían, doña Antonia llamó a Alejandra a su habitación. Sobre la cama había documentos legales. He cambiado mi testamento dijo sin preámbulos. Quiero que lo sepas antes que nadie. No necesito saber eso protestó Alejandra. No quiero hablar de Es necesario, interrumpió doña Antonia con firmeza. No tenemos el lujo del tiempo.

Con manos temblorosas le entregó los papeles. Alejandra los leyó y su rostro palideció. No puedo aceptar esto dijo dejando los documentos sobre la cama. Es demasiado. Es mi decisión. La voz de doña Antonia no admitía discusión. La empresa de cosméticos y la mitad de mi fortuna serán para ti y los niños. La otra mitad irá a fundaciones que ayudan a madres solteras y niños abandonados.

Pero su familia, mi única familia de sangre es Lucía y ella está bien provista por el seguro de sus padres. Doña Antonia tomó su mano. Tú y esos niños me devolvieron la alegría cuando creí que solo me quedaba esperar la muerte. Me dieron propósito. Alejandra lloró en silencio, abrumada por la generosidad de esta mujer extraordinaria.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.