Al día siguiente, en la oficina, Alejandra reunió a todo el personal para dar la noticia. Los aplausos y vítores llenaron la sala de conferencias. Este logro es de todos, dijo con sinceridad. Cada persona en esta empresa ha contribuido a construir lo que somos hoy. Entre la multitud, Alejandra distinguió a Carmen, una de las primeras empleadas de doña Antonia, ahora supervisora de producción.
Sus ojos se encontraron en un momento de reconocimiento mutuo. Ambas recordaban los humildes inicios, las largas noches mezclando ingredientes en el invernadero. La expansión a Luxury Stores requirió ajustes en la producción y marketing. Alejandra trabajaba largas horas, pero siempre reservaba tiempo para sus hijos.
Los fines de semana eran sagrados, paseos, cine, juegos en la piscina. construía recuerdos felices para compensar la ausencia de un padre. Una tarde, mientras supervisaba el diseño del nuevo empaque premium, Marta entró con expresión preocupada. “Señora Mendoza, hay una periodista de estilo en vida que insiste en entrevistarla.
Dice que quieren hacer un reportaje sobre mujeres emprendedoras que lo lograron solas.” Alejandra frunció el seño. Siempre había evitado la publicidad personal, protegiendo celosamente su privacidad y la de sus hijos. Dile que solo hablo de la empresa, no de mi vida personal. Ya se lo dije, pero insiste.
Mencionó que sería una gran inspiración para otras mujeres en situaciones difíciles. Alejandra dudó. Por un lado, valoraba su privacidad. Por otro, recordaba sus propios días de desesperación. cuando habría dado cualquier cosa por saber que era posible salir adelante. Con certa la entrevista, pero con condiciones claras, nada sobre los niños, nada sobre su padre.
La entrevista publicada un mes después catapultó a Alejandra a un nivel de reconocimiento inesperado. Su historia, contada con discreción pero honestidad, resonó con miles de mujeres. Las ventas se dispararon y pronto llegaron invitaciones para conferencias y eventos. No quiero ser una figura pública, confesó a su amiga Elena durante un almuerzo. Solo quería construir algo para mis hijos. Has construido más que eso? respondió Elena.
Has creado un ejemplo de que es posible reinventarse después del dolor. El éxito trajo nuevos desafíos, competidores que intentaban copiar sus fórmulas, ofertas de compra de grandes corporaciones, propuestas para expandirse internacionalmente. Alejandra navegaba estas aguas con la sabiduría adquirida en años de lucha.
Cada decisión la tomaba pensando en el legado de doña Antonia y el futuro de sus hijos. Una noche, mientras firmaba documentos en su estudio, Pedro entró silenciosamente y se sentó junto a ella. “Mamá, ¿eres feliz?”, preguntó con la seriedad que lo caracterizaba. Alejandra lo miró sorprendida. “Claro que sí, mi amor.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
