SU HIJA LA ENCERRÓ EN UN SÓTANO Y LO SELLÓ CON LADRILLOS… PERO 10 AÑOS DESPUÉS ELLA TOCÓ LA PUERTA…

se puso de pie, tomó su linterna y salió al patio. La luna apenas iluminaba el camino, pero él conocía cada rincón de su jardín. Se acercó a la parte trasera de su terreno, donde su pared colindaba con la casa de Verónica, y se quedó quieto con la linterna apagada.

Agachó la cabeza, pegó el oído al suelo y lo que escuchó le heló la sangre. Era un llanto, no el llanto de un niño ni de un animal. Era un llanto contenido, desgarrador, de una mujer mayor.

Se escuchaba apenas como si viniera desde las entrañas de la tierra, pero estaba ahí. No era su imaginación, era real. Al principio pensó que estaba soñando, pero cuando volvió a escuchar su nombre, entre soyosos, sintió que las piernas le temblaban.

Aurelio”, decía la voz. “Aurelio, ayúdame.” Se echó hacia atrás, se sentó en el pasto y cerró los ojos. No podía ser, no podía ser que esa voz fuera la de Estela.

Pero lo era. No tenía dudas. La conocía demasiado bien. Era su tono, su acento, la forma en que pronunciaba las palabras. No entendía cómo, no entendía por qué, pero Estela estaba ahí abajo, enterrada.

encerrada, viva. Su corazón latía con fuerza y por un momento sintió que el aire le faltaba. ¿Cómo era posible? ¿Qué clase de monstruos podían haber hecho algo así? Volvió a entrar a su casa, cerró con llave y se sentó en su sillón.

Tenía que pensar, tenía que hacer algo, pero no podía actuar sin pruebas. Sabía que si acusaba a Verónica sin fundamentos, podría meterse en problemas, o peor, que ella se enterara.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.