Su madre cruel invitó a su ex a la boda, pero llegó con gemelos y lo arruinó todo

Nadie en el pueblo entendía por qué doña Mercedes insistía tanto en hacer de la boda de su hijo Santiago el evento más comentado del año. Desde que él empezó a salir con Natalia, una mujer elegante, amable, de familia acomodada, Mercedes se sintió triunfadora. Por fin algo digno de nuestra familia repetía con orgullo, como si el matrimonio fuera un trofeo y no el sueño de su hijo.

Sin embargo, había una historia que la madre se negaba a aceptar, Valeria. Valeria había sido el primer amor de Santiago. Se conocieron jóvenes cuando él todavía creía que el amor se construía con paciencia y promesas y no con apariencias. Vivieron años sencillos, pero llenos de ilusiones. Todo cambió cuando Mercedes descubrió quién era ella, hija de una costurera, criada entre turnos dobles y esfuerzos silenciosos.

“Mi hijo merece algo mejor”, sentenció Mercedes sin mirar atrás. Y fue así como Valeria desapareció de la vida de Santiago. Al menos eso creyeron todos, el día de la boda se acercaba. El salón estaba adornado con flores blancas, velas altas y una alfombra impecable. La música suave llenaba el aire y los invitados murmuraban emocionados mientras se acomodaban en sus lugares.

Mercedes caminaba con un brillo calculado en los ojos. Todo estaba bajo control, o casi todo. La decisión que había tomado en secreto, invitar a Valeria le parecía genial. Que vea lo que perdió, pensó. Para ella, aquella invitación era una humillación disfrazada de cortesía. Pensó que Valeria llegaría sola, tal vez con una sonrisa triste, tal vez con lágrimas discretas, pero nadie imaginaba lo que realmente iba a suceder.

La ceremonia estaba a punto de comenzar cuando de pronto el murmullo de la gente cambió de tono. Las cabezas comenzaron a girar hacia la entrada. Ahí estaba Valeria. Lucía un vestido azul profundo que marcaba con elegancia su figura. Su mirada no era de derrota, sino de calma, de fuerza. Pero lo que realmente dejó a todos sin aliento fueron los dos pequeños niños que caminaban tomados de sus manos, gemelos, cabello rubio, trajes negros impecables, pasos tímidos pero firmes.

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