Algunos familiares intentaron consolarla, pero ella mantuvo la cabeza en alto. Mercedes sintió que el mundo se le venía abajo. Hijo, todo lo que hice fue por ti. Santiago respiró profundo. No lo hiciste por tu orgullo. Hubo silencio. Luego se inclinó hacia los gemelos. Hola”, dijo suavemente. “Soy Santiago, uno de los niños, nervioso, preguntó, “Eres nuestro papá.
” Sus ojos se llenaron de lágrimas. “Sí, los abrazó torpemente al principio, como quien sostiene algo frágil y sagrado al mismo tiempo. Los niños se aferraron a él como si toda su corta vida hubieran esperado ese momento.” Valeria observaba en silencio, con el corazón latiendo fuerte.
“No vine a pedirte nada”, dijo al fin. Si decides estar en sus vidas, será tu elección. Yo ya aprendí a vivir sola. Santiago la miró. No quiero que sigas sola respondió. Y no te prometo que será fácil. Tengo que aprender, entender, reparar, pero quiero estar aquí con ellos. ¿Contigo? Mercedes comenzó a llorar por primera vez. Perdónenme, susurró quebrada.
No supe ver más allá de mi miedo. Valeria se acercó lentamente. El daño ya está hecho. Dijo. Pero el perdón seconstruye. No hubo aplausos. No hubo celebración. La boda se disolvió. Pero algo más profundo había nacido. La verdad. Más tarde, cuando el salón quedó vacío, Santiago se sentó en uno de los bancos mientras los gemelos jugaban en el pasillo.
Valeria se sentó a su lado. ¿Y ahora qué? Preguntó ella. Él sonrió con humildad. Ahora empezamos de nuevo. Sin mentiras, sin orgullo. Paso a paso, ella tomó aire y asintió. El camino sería largo, pero esta vez nadie los obligaría a separarse.
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