—¿Cómo te atreves? —escupió—. ¿Traer actores? ¿Venir a extorsionarme? ¡Seguridad!
Elodie soltó una risa breve.
Sacó un papel doblado de su bolso. No era un arma. Era peor.
—Traje los resultados de ADN y las actas de nacimiento, Victoria. Sabía que ibas a decir eso. Eres… predecible.
Y se los extendió a Lucas.
—No vine a detener la boda —dijo, mirando de reojo a Sophia, que parecía a punto de desmayarse—. Vine porque mandaste una invitación a mi casa para burlarte. Querías mostrarme lo que “me perdí”.
Elodie señaló a los niños.
—Así que te devuelvo el favor. Quiero mostrarte lo que tú te perdiste.
Leo y Oliver.
—Cumplen cuatro la próxima semana. Son inteligentes. Son buenos. Y son Kensington. Y hasta hoy… no sabían que ustedes existían.
Lucas miró las fechas. Hizo cuentas. Todo cuadraba con la ruptura.
Levantó la vista hacia su madre, y el horror se convirtió en algo más oscuro.
—Tú… tú lo sabías.
Victoria intentó recuperar el control a gritos.
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