Suspendido por llevar a mi hijo al trabajo, lo puse sobre el escritorio de la presidenta: «Este es tu nieto. Ya no lo crio yo».

"Encontrarlo", corregí. "O admitir lo que ha hecho".
Y por primera vez, no me calló.

PARTE 4 — La Secretaria, la Suspensión y la verdadera razón por la que me atacaron
De vuelta en la empresa, el "nuevo secretario", Blake Carter, ni siquiera tuvo tiempo de ensayar otra mueca de desprecio.
Seguridad lo acompañó a una sala de conferencias como si fuera un problema que se está reubicando.
Evelyn dejó mi notificación de suspensión sobre la mesa, entre nosotras, como si fuera una prueba, no papeleo. “Esto se emitió a mi nombre”, dijo con ojos de hielo. “Sin mi autorización”.
Blake abrió la boca y luego la cerró.
De repente recordó que no era intocable.

Evelyn no gritó. No le hacía falta.
Ya había solicitado los registros de TI, los registros de acceso al edificio y los permisos corporativos de Ethan.
El patrón era feo y claro: la cuenta de Ethan seguía activa.
Se había accedido a los archivos. Se habían enrutado las aprobaciones. Se había pagado a gente para que hiciera la vista gorda.
Y Blake, presumido y ansioso, había sido el perro guardián más ruidoso de la puerta.

“¿Qué te prometió?”, le preguntó Evelyn.
Blake intentó restarle importancia. No pudo.
Porque en la pantalla detrás de Evelyn había una cronología de actividad: las marcas de tiempo coincidían con el mismo mes en que Ethan “desapareció”.
Y de repente, mi “traer un hijo al trabajo” ya no parecía falta de profesionalidad. Parecía una amenaza que Ethan quería eliminar del edificio.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.