¡TE DOY MIL DÓLARES SI ME ATIENDES EN INGLÉS!” SE BURLÓ EL MILLONARIO… LO QUE ELLA DIJO CAMBIÓ TODO —Te doy mil dólares si me atiendes en inglés.

El público aplaudió sin entender la historia completa. Ellos dos, sí.

Valeria salió del edificio con el sobre apretado entre las manos. El aire fresco de la tarde le llenó los pulmones. No sabía si llorar, agradecer o gritar. Sentía gratitud, pero aún dolía el recuerdo de la humillación.

Eric la alcanzó en la acera. Ya no llevaba la máscara del empresario intocable.

—No esperaba que vinieras —admitió.

—Yo tampoco —respondió ella con una leve sonrisa—. Pero a veces uno necesita ver si las personas cambian de verdad o solo lo dicen.

—Intento cambiar —dijo él, mirándola de frente—. No por culpa, sino porque ya no quiero vivir vacío.

Ella bajó la vista.

—El cambio no se dice, Eric. Se demuestra.

Él asintió.

—Déjame demostrarlo, entonces. No te pido nada, solo que uses esa beca. Que vuelvas a estudiar. Que sigas inspirando, como lo hiciste conmigo.

Valeria guardó silencio. Algo dentro de ella se acomodó en paz. No era un cuento de hadas. No se trataba de enamorarse del millonario arrepentido. Era otra cosa: la certeza de que su dignidad había sido más fuerte que cualquier humillación, y de que esa fuerza había encendido un cambio en alguien que creía tenerlo todo.

—Gracias, Eric —dijo al fin.

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