¡TE DOY MIL DÓLARES SI ME ATIENDES EN INGLÉS!” SE BURLÓ EL MILLONARIO… LO QUE ELLA DIJO CAMBIÓ TODO —Te doy mil dólares si me atiendes en inglés.
Las risas volvieron, más fuertes. Pero esta vez Valeria no se movió. Dejó que el silencio regresara por unos segundos, que la expectativa creciera, que el orgullo de aquel hombre se inflara un poco más.
Luego dio un paso al frente, clavó la mirada en él y, en un inglés tan claro que cortó el aire del salón, dijo:
—Would you like to start with the wine list, or should I start teaching you some manners first?
El silencio fue brutal. Las risas se apagaron como una vela bajo la lluvia. Alguien tosió. Otro bajó la mirada. Camila abrió los ojos de par en par. Eric, por primera vez en mucho tiempo, se quedó sin palabras.
La mesera que había querido humillar acababa de responderle en un inglés perfecto, elegante, sin necesidad de gritar, sin perder la educación… pero dejando su soberbia desnuda frente a todos.
Valeria sostuvo la mirada serena. No sonrió, no celebró. Simplemente se quedó allí, en pie, con una calma que dolía más que cualquier insulto.
—Digamos que entiendo lo suficiente —añadió, ya en español—, como para saber cuándo alguien intenta burlarse de mí.
La frase cayó como un golpe seco. El murmullo que volvió al salón ya no eran risas, sino suspiros, comentarios en voz baja, una mezcla de incomodidad y admiración. Eric bajó la vista hacia su copa, la giró entre los dedos. Quiso reír, hacer un chiste, minimizar lo que había pasado.
—Bueno… —murmuró, fingiendo ligereza—. Parece que alguien tomó clases en YouTube.
Nadie rió.
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