El nacimiento que cambió mi vida
Meses más tarde, di a luz a una niña hermosa y sana en un pequeño hospital público de Cebú.
La llamé Elisa.
Cuando la tuve en mis brazos, entendí que no me faltaba nada. No importaba que no fuera el “hijo varón” que la familia Ramírez deseaba.
Estaba viva, era mía, y eso lo era todo.
La verdad que destruyó un imperio familiar
Poco después, recibí un mensaje de una antigua vecina:
Karina también había dado a luz.
La familia Ramírez celebró en grande: globos, pancartas, banquetes, brindis.
El heredero había llegado.
Hasta que llegó el rumor.
Un rumor que se volvió noticia.
El bebé… no era el bebé de Daniel.
En el hospital, los grupos sanguíneos no coincidían.
Se hizo una prueba de ADN.
La verdad cayó como un rayo:
El niño no era de Daniel Ramírez.
La mansión quedó en silencio.
Daniel no sabía qué decir.
Mi exsuegra —la misma mujer que había decidido mi destino según el sexo de mi bebé— se desmayó al enterarse.
Karina huyó semanas después, dejando atrás Manila y la familia que esperaba conquistar con un hijo que no era de su prometido.
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