Ella caminó directamente hacia el escaparate.
Se detuvo junto a Mariana.
Y con voz respetuosa pronunció una frase que hizo que Alejandro palideciera por completo.
—Señora, el vestido “Fénix de Fuego” ya está listo, tal como usted lo solicitó.
Mariana se inclinó para recoger los billetes.
No porque los necesitara, sino porque no quería que ensuciaran el mármol impecable.
Los colocó con cuidado sobre el borde del bote de basura.
Y dijo con voz serena:
