Nadie se detuvo.
Era como si me hubieran enterrado junto a él.
—¿Quién te dejó entrar? —pregunté.
Marjorie metió la mano en su bolso y levantó una llave de latón.
—Soy su madre.
Siempre he tenido una.
Esa llave me impactó más que nada.
Bradley se la había pedido de vuelta meses atrás.
Me dijo que sospechaba que ella aún tenía una copia, pero que quería paz, no otra discusión.
Ahora estaba allí, usando esa vieja llave como si fuera suya.
Fiona abrió de golpe el cajón del escritorio de Bradley.
Los papeles se movieron.
Algo dentro de mí se tensó.
—No toques eso —dije.
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