Tres vándalos llamaron a la puerta de un anciano solitario, convencidos de que buscaban una presa fácil. Pero no tenían ni idea de quién estaba realmente detrás de esa puerta ni cómo terminaría esta visita para ellos. ☹️😨
Los tres hombres habían regresado recientemente de la cárcel, pero no tenían intención de cambiar de vida. Continuaron haciendo lo que una vez fueron condenados. Buscaban a personas solitarias, se aprovechaban de sus miedos y se apoderaban de casas y propiedades. Trabajaban con rudeza, rapidez y sin remordimientos.
Hacía tiempo que habían visto la casa del anciano en la esquina. Tenía un terreno amplio, una casa vieja pero robusta, y no había vecinos ni familiares cerca. Lo habían investigado todo con antelación. El abuelo no tenía familia y su hija no le había hablado en mucho tiempo; vivía en otra ciudad y nunca lo visitaba.
Presa fácil, decidieron.
Esa noche, se acercaron a la verja y llamaron a la puerta.
Un anciano vestido de negro y con una chaqueta de cuero desgastada les abrió la puerta. Su rostro estaba sereno, su mirada atenta.
"No nos esperaban, pero hemos venido", dijo uno de los bandidos con una sonrisa.
El anciano observó lentamente sus tatuajes, sus hombros tensos, sus rostros desafiantes.
"¿Qué quieren?", preguntó con calma.
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