"Su casa. Y nos separaremos pacíficamente."
"No. ¿Alguna otra pregunta?"
"Oye, anciano, ¿estás confundido? Te lo dijimos en términos sencillos: danos la casa y nos separamos. Si no, tendremos que recurrir a la fuerza."
"De acuerdo, anciano. De todas formas, no te queda mucho tiempo de vida."
El anciano entrecerró los ojos.
"¿Eres estúpido o sordo?"
"¿Qué dijiste?", preguntó uno de los bandidos enfurecido y lo agarró con fuerza por el cuello de la chaqueta.
El anciano ni siquiera se inmutó. Su rostro permaneció sereno.
“Lo siento, chicos, no me di cuenta de quiénes eran enseguida. Pasen. Les serviré un té. Yo mismo buscaré los documentos de la casa.”
Los hombres intercambiaron miradas. La satisfacción brilló en sus ojos. Pensaron que el anciano se había derrumbado.
Entraron. Pero los bandidos no tenían ni idea de lo que les esperaba en esa casa ni de cómo terminaría su visita. 😱😲
Los tres hombres entraron en la casa, ya sin el descaro de antes, pero aún con fingida confianza. Miraron a su alrededor, intercambiaron miradas, intentando mantener su descaro. Pensaron que el anciano solo estaba ganando tiempo.
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