Cada armario, sus silenciosas concesiones. Y precisamente por eso estableció una regla innegociable:
Su casa no es una residencia universitaria.
Desarrollo
Planeaba celebrar el Año Nuevo como lo celebran quienes ya no tienen nada que demostrar. Sola, pero sin la soledad interior.
Pijamas.
El cálido resplandor de las luces de colores.
Comida sencilla.
Una serie de televisión tranquila.
Su esposo, Sergei, es un hombre amable pero débil, acostumbrado a que las mujeres siempre tomen decisiones por él: primero su madre, luego su esposa.
El teléfono sonó por la noche mientras Kira planchaba las cortinas: nuevas, gruesas, color arena invernal. Le encantaba ese color. No gritaban. Eran silenciosas.
"Kirochka..." La voz de su suegra era ronca, pegajosa, demasiado suave. "Lo hemos estado pensando. Lo hemos decidido". Celebramos el Año Nuevo en tu casa.
Sin peticiones. Sin pausas.
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