Svetlana oyó temblar la voz de su hija. Su corazón latía al unísono con el de Elena. Sabía que una noche de bodas era un momento especial, y cualquier error, cualquier malentendido, podía desencadenar fuertes emociones. Pero todo esto parecía mucho más aterrador que una simple "tensión nerviosa".
"Pasha...", la voz de Elena resonó entre lágrimas. "Tengo miedo..."
Svetlana apretó aún más fuerte la mano de su hija. Pavel Arkadyevich se acercó, aún sin creer que esto estuviera sucediendo dentro de las paredes de su propio hotel.
"¿Qué pasó, Elena?", preguntó, intentando mantener la calma. "¿Por qué gritabas?"
Elena levantó la vista. Sus ojos se encontraron con los de su padre. Y en esa mirada se reflejaba toda su confusión, miedo y consternación.
"Yo...", empezó la niña, pero las palabras se apagaron de nuevo.
Svetlana se dio cuenta de que tenía que hacer algo ahora. Abrazó a su hija y le dijo en voz baja:
"Todo estará bien. Estamos contigo." Juntos."
El esposo de Elena, un hombre joven, finalmente logró hablar:
"Yo... yo solo... no sabía que sería así..."
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