Por un momento, ninguno de ellos habló. Los copos de nieve se asentaron entre ellos como cenizas que caen.
«¿Quién eres?» Daniel finalmente preguntó, su voz baja pero no antiesta.
El chico dudó, agarrando la foto con más fuerza. «Mi nombre es Lucas».
Los ojos de Daniel cayeron hacia la fotografía en las manos del niño. Era Elena. Su sonrisa, los hoyuelos, la bondad en sus ojos, era inconfundible. Esa foto fue tomada el verano antes de que se casaran.
Daniel tragó con fuerza. «¿De dónde sacaste esa foto?»
Lucas miró hacia abajo, luego hacia arriba de nuevo. «Es el único que tengo de ella».
«No entiendo», dijo Daniel, arrodillado lentamente en la nieve. «Elena… ella era mi esposa».
Lucas parpadeó, con los labios temblando. «Ella era mi madre».
El mundo se inclinó.
Daniel sacudió la cabeza, tratando de encontrar palabras. «Eso no puede ser. Elena no tenía hijos. Nosotros… nunca tuvimos hijos».
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