“Ustedes, las mujeres, solo quieren restaurantes”, espetó.
“No solicité empleo”, respondí. “Y no estoy aquí para demostrar mi valía. Ya llevo cuarenta años haciéndolo”.
Recogí los chocolates que había traído.
“¿Adónde vas?”, preguntó.
“Aquí no hay cena”, dije. “Solo exigencias”.
“Bien”, gritó. “¡Terminarás sola!”.
Se suponía que eso debía doler.
Pero no.
No estaba poniendo a prueba mis habilidades culinarias, estaba poniendo a prueba mis límites. Si hubiera lavado esos platos en una primera cita, habría marcado la pauta de todo lo que siguió.
Así que me fui tranquilamente.
Porque a veces lo más poderoso que una mujer puede hacer… es irse.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
