La voz de Juniper se quebró un poco, pero luego se recompuso.
“Por eso lo dije”, susurró. “Porque he visto cómo termina esto cuando todos siguen fingiendo”.
La mentira que finalmente pudo nombrar
Cuando Harlan regresó a casa, Marina lo recibió en la puerta con demasiada preocupación, de esas que parecen buenas desde fuera pero que de cerca parecen incómodas, porque…
Porque le exigía que se mantuviera pequeño.
"¿Dónde estabas?", preguntó ella, atrayéndolo hacia un abrazo fuerte, pero controlador, no reconfortante. "Estaba preocupada, ¿y tus ojos, cómo están?".
Se obligó a mantener la calma.
"Creo que hoy has estado un poco mejor", dijo, dejando que las palabras cayeran suavemente.
El cuerpo de Marina se quedó inmóvil por un instante, una pausa tan breve que cualquiera que no escuchara con todo su sistema nervioso podría pasarla por alto, y luego volvió a su calor.
"Es maravilloso", dijo, aunque su alegría sonaba ensayada, "pero no te hagas ilusiones, el médico dijo que puede haber altibajos".
Harlan se inclinó ligeramente hacia adelante, como confundido.
"¿Qué médico?", preguntó. "Sigues diciendo 'el médico', pero no recuerdo ningún nombre".
Los ojos de Marina se abrieron un poco.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
