Ella se encogió de hombros levemente.
"Te pones así cuando no tienes opción", respondió.
Se guardó la grabadora en el bolsillo como si pesara más que el plástico, porque lo que llevaba podría cambiarlo todo.
El viaje que anunció para descubrir la verdad
En la cena de esa noche, con Marina observándolo como si su cuerpo perteneciera a su horario, Harlan dejó el tenedor y habló con la mayor naturalidad posible.
"Necesito viajar unos días", dijo. “Un problema de trabajo, reuniones en Sacramento, no puedo presionarlo.”
El rostro de Marina se ensombreció levemente.
“¿Viaje?”, repitió, y su voz se agudizó bajo la dulzura. “Harlan, ni siquiera puedes conducir con seguridad ahora mismo.”
“Voy en avión”, respondió. “Reid vendrá conmigo.”
Reid Knox era su jefe de operaciones, un hombre constante y leal que lo había acompañado desde los primeros años de su empresa de dispositivos médicos, mucho antes del éxito y mucho antes de que Marina se interesara por la vida de Harlan.
Marina le tomó la mano.
“Tu rutina no puede ser interrumpida”, dijo, ahora suplicante. “Necesitas tu bebida, tus gotas, tu descanso.”
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