Un hombre viudo se sentó solo en una boda hasta que tres niñas le susurraron: "Solo finge que eres nuestro papá para que nuestra mamá no se siente sola". Lo que comenzó como un favor se convirtió en la familia que nunca planeó.

Jonathan regresó, rodeando la silla de Evelyn con un brazo protector.

“Buenas noches”, dijo con calma. “Soy Jonathan”.

La mujer se retiró, murmurando.

“No tenías que hacer eso”, susurró Evelyn.

“Sí, lo hice”, respondió. “Nadie se merece eso”.

La verdad en la cafetería
Se volvieron a encontrar días después cerca del hospital, y la conversación fue fluida hasta que Evelyn se quedó en silencio.

“Jonathan”, dijo, “tu esposa… Mara. Yo estuve allí”. El mundo se tambaleó.

Explicó en voz baja, con la voz temblorosa, cómo había trabajado ese turno, cómo lo había visto en el pasillo, suplicando, cómo había temido su ira si alguna vez la reconocía.

Jonathan salió, jadeante, hasta que encontró un sobre en el parabrisas, con su nombre escrito con una caligrafía familiar.

Dentro había una carta que Mara había escrito antes de morir, instándolo a vivir de nuevo, a decir sí a la pequeña e imprudente esperanza.

Eligiendo la vida de nuevo

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