UN MILLONARIO SORPRENDE A SU EMPLEADA ESCONDIÉNDOSE PARA COMER SOBRAS DE COMIDA… Y TODO CAMBIA

—¿Y tú qué haces ahí? ¿Qué tanto estás escuchando?

Julián la cortó, por fin, con firmeza:

—Ya, Renata. No le hables así.

Después, en silencio, Julián buscó pruebas sin querer pruebas. Revisó las cámaras de seguridad de la casa, casi temblando, como si una parte de él rogara no encontrar nada… y encontró demasiado: Renata señalando a Clara, humillándola, tirándole una servilleta al piso con la frase clara en los labios: “Levántala, para eso estás aquí”.

Julián cerró la laptop con rabia contenida. Bajó y encontró a Clara doblando toallas.

—¿Desde cuándo te trata así? —preguntó, mirándola a los ojos.

Clara intentó protegerse con el silencio, pero la pregunta la alcanzó por dentro.

—Desde hace mucho.

—¿Por qué no dijiste nada?

Ella tragó saliva.

—Porque necesito el trabajo. Porque tengo un hijo. Porque… yo no puedo darme el lujo de perder esto.

Julián respiró como si le faltara aire.

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