Ella sintió el corazón acelerarse.
—Rodrigo, yo…
—No te estoy pidiendo nada —se apresuró él—. Sé que estás sanando. Solo quiero que sepas que no te veo como “la niñera”. Te veo como… familia.
La palabra quedó flotando entre los dos.
—Tú también te volviste importante para mí —confesó ella en voz baja—. Y eso me asusta. A veces no sé si lo que siento es gratitud, costumbre… o algo más.
—Tenemos tiempo para descubrirlo —dijo él, sonriendo de lado—. No hay prisa.
Y así, sin grandes discursos, algo cambió. Las cenas se llenaron de conversaciones, las miradas duraban un segundo más, los roces de manos se hicieron más frecuentes. Los niños, por supuesto, lo notaron primero.
—Papá, ¿te vas a casar con Ina? —preguntó Lucas una mañana, mientras Rodrigo tomaba café.
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