"¡Hija mía! ¡Lo lograste!", gritó su padre, con lágrimas de alegría corriendo por su rostro.
Toby no pudo contenerse más.
"Chris, dame la dirección de Lisa". Su camioneta blanca se detuvo frente al jardín. Subió y abrazó a Lisa.
"Perdóname. No debí haber esperado. Déjame llevarte a ti y a Blessing. Yo cuidaré de ti". En la mansión, médicos y enfermeras los atendieron. Unos días después, Lisa había recuperado las fuerzas.
"Nunca quise hacerte daño", dijo Toby, sentado junto a su cama. "Solo buscaba a alguien real. Mi identidad estaba oculta, pero mis sentimientos, sí". Lisa observó a su hija jugar, luego a su padre, quien asintió suavemente.
“Te perdono, Toby”, dijo finalmente. Él la abrazó, aliviado.
Semanas después, Lisa empezó como enfermera jefe. Quienes se habían burlado de ella ahora la recibían con respeto. Vivien, Becky y Stella fueron a verla con la cabeza gacha.
“Lisa… lo siento”.
“Te perdono. Pero recuerda esta lección: nunca menosprecies a nadie”.
Un mes después, Toby reunió a todo el hospital y a los medios de comunicación.
“Hoy tomo la decisión más importante de mi vida”. Se giró hacia Lisa y le tomó la mano.
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