Por fin llegó el gran día: la gran inauguración.
Todo el pueblo hablaba de ello. Médicos, enfermeras, técnicos de laboratorio, contables… todos iban vestidos de gala. Elegantemente vestido, Chris se dirigió a los nuevos empleados:
“Damas y caballeros, bienvenidos a la gran inauguración del Hospital Starlight, el más grande de la ciudad. El propietario se encuentra actualmente en el extranjero, pero cuenta con su profesionalismo y dedicación. La gestión será rigurosa y se espera la excelencia de todos”.
En un rincón, algunas enfermeras ya susurraban, orgullosas de haber conseguido un puesto en la institución más prestigiosa. Algunas observaban al personal de mantenimiento, silencioso al fondo de la sala; entre ellas, Toby, ahora "James". La enfermera Vivien, con su uniforme inmaculado, se burló:
"Sinceramente, trabajar de limpiadora en un hospital como este..."
"A algunos les falta ambición", le murmuró a su colega.
James no se inmutó. Estaba allí para encontrar a alguien genuino, no para traicionarse a sí mismo. Un viejo y gruñón trabajador de mantenimiento, Musa, le dio un codazo.
"¿Nuevo, eh?"
"Sí, empiezo hoy."
"Cuidado con algunas enfermeras. Parecen las dueñas del lugar", refunfuñó Musa.
El día transcurrió. Los médicos discutían horarios, las enfermeras hablaban de sus títulos y los limpiadores se pusieron a trabajar en silencio. En el pasillo, James, ocupado fregando el suelo, casi choca con Vivien.
"¿Estás ciego o qué? ¡Mira por dónde caminas!" "Perdona, no te vi."
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