"Todo el personal es igual: perezoso y torpe. Este hospital se merece algo mejor."
En la cafetería, los trabajadores de mantenimiento tenían una mesita en un rincón, mientras que los médicos y enfermeras ocupaban el amplio y cómodo espacio. El Dr. Kelvin pasó, sacando pecho.
"Hoy en día contratan a casi cualquiera", murmuró, lo suficientemente alto como para que se le oyera.
Desde la oficina de administración, Chris observaba la escena y meneaba la cabeza.
“Toby va a ver la verdadera cara de la gente”, susurró.
Esa noche, James estaba limpiando las puertas de entrada. Una pregunta lo atormentaba: ¿encontraría alguna vez el amor verdadero o estaría siempre rodeado de gente obsesionada con el dinero y el estatus? No tenía ni idea de que su viaje apenas comenzaba.
El calor era agobiante esa tarde. Dentro, los limpiadores fregaban pisos y ventanas. Otros, menos entusiastas, merodeaban en grupos, riendo.
“¿Puedes creerlo? ¡Trabajamos en el hospital más grande de la ciudad!”, se jactó uno.
“La enfermera Linda en el Starlight… ¡Mi ex va a llorar!”, intervino otro, riendo.
Vivien habló aún más alto:
“Esta es la élite. Los limpiadores deberían quedarse en su lugar. No deberían venir a hablar con nosotros; no es su nivel”. James, cerca, lo oía todo. Se creían superiores, pero eran irrespetuosos. Limpiaba en silencio, cabizbajo, pero con el corazón despejado.
Esa noche, James se encontró con Chris en una pequeña oficina.
"Bueno, mi limpiador multimillonario, ¿qué tal tu primer día completo?". James se quitó la gorra, se limpió la cara y...
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