Durante medio siglo, el museo había exhibido a una persona desaparecida, sentada tranquilamente bajo un cristal.
Cuando los periodistas inundaron el pueblo, los titulares gritaban: “FIGURA DE CERA RESULTA SER UN CUERPO HUMANO REAL DESPUÉS DE 50 AÑOS”.
Pero para Clara, no era una curiosidad, era una pregunta: ¿Quién era él? ¿Y cómo había podido un pueblo entero confundir un cadáver con arte?
Mercer empezó a rebuscar en los archivos antiguos. Los registros de adquisición del museo de la década de 1970 eran escasos: muchos escritos a mano, algunos manchados por el tiempo. Una nota destacaba: “Donación recibida de un carnaval itinerante – 1974”.
Siguió la pista hasta una atracción desaparecida llamada Maravillas de Harlan, un espectáculo ambulante que había colapsado después de que su propietario, Eddie Harlan, desapareciera ese mismo año. Antiguos trabajadores recordaban una exhibición llamada “El Viajero del Tiempo”: un hombre supuestamente embalsamado de verdad, anunciado como prueba de un viaje en el tiempo que salió mal.
Las pruebas de ADN de los restos revelaron que el cuerpo pertenecía a Arthur L. Maier, un vendedor ambulante que había desaparecido en 1973 de camino de Kansas City a Tulsa. Su familia había presentado una denuncia por desaparición, pero no sirvió de nada.
¿La parte escalofriante? Aparentemente, Harlan había comprado el cuerpo creyendo que ya era un accesorio de cera. Un antiguo feriante recordó: “Pensábamos que era falso. Las articulaciones no se movían mucho, pero parecía endemoniadamente real”. Cuando el carnaval cerró, la exhibición se vendió en una subasta. El Museo de Pine Bluff, ansioso por conseguir artefactos, se lo llevó por 30 dólares.
Clara encontró una foto desvaída en los archivos: el mismo hombre, sonriendo junto a su coche en 1972. Cuando la comparó con la “figura de cera”, la coincidencia era innegable.
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