Un niño de 10 años seguía rogando que le quitaran el yeso mientras su familia pensaba que estaba imaginando el dolor, hasta que la niñera lo abrió y reveló la verdad que nadie quería ver.

No era solo sudor ni vendajes viejos. Había algo más debajo, algo agrio y empalagoso que le revolvía el estómago cada vez que se acercaba a la cama.

Al tocar la frente de Oliver, se apartó de inmediato, alarmada por el calor.

"Está ardiendo", susurró, más para sí misma que para nadie.

Una tarde, mientras le ajustaba las sábanas, vio algo pequeño pero inconfundible: una hormiga roja cruzando la tela blanca, desapareciendo bajo el borde del yeso como si la hubieran dibujado allí.

Se le encogió el corazón.

Una advertencia que nadie quería
Marisol corrió hacia Jonathan, señalando lo que había visto, intentando mantener la voz firme.

“Señor, algo no anda bien”, dijo. “Hay un olor, y

Insectos, esto no es una curación normal.

Jonathan suspiró profundamente, frotándose las sienes.

"Probablemente se le cayó comida en la habitación", respondió. "Por favor, no fomentes esto".

Elaine asintió, colocando una mano tranquilizadora sobre su brazo, y la conversación terminó allí.

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