"¿Quién es ella?" repitió Vera.
De repente se incorporó.
Simplemente se incorporó. Fácilmente, sin esfuerzo, apoyándose en las manos.
Vera observó cómo su marido, que llevaba seis meses fingiendo parálisis, bajaba las piernas de la cama con calma.
"¿Y qué miras?" espetó con enfado. "Estoy harto de fingir, eso es todo."
La habitación se volvió tan fría como una morgue.
"¿Estás... caminando?" Sus labios apenas se movieron.
"No exactamente, pero tampoco soy un vegetal, como tú estabas haciendo tanto alboroto. Y qué, lo adorné un poco. Pero al instante te convertiste en la enfermera perfecta."
Lo dijo con naturalidad, sin rastro de remordimiento.
"Lenka me ayuda con los masajes, me relaja. Soy un hombre, Vera. ¿O creías que sería un santo durante seis meses?"
Cada palabra me dolía más que una bofetada.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
