Un padre adinerado creía que su único hijo se había ido para siempre, hasta que se encontró con una mujer y cuatro niños con los ojos de su hijo en el cementerio. Lo que sucedió después lo obligó a tomar una decisión imposible.

"¿Quiénes son?", preguntó Richard, con una voz desconocida incluso para él mismo. "¿Qué hacen en la tumba de mi hijo?"

La mujer se giró lentamente. Su rostro estaba pálido, marcado por noches de insomnio. Sus ojos estaban rojos, pero firmes. No había histeria. Solo fatiga. Atrajo al bebé hacia sí instintivamente.

Los niños levantaron la vista.

Y el mundo se detuvo.

Richard sintió que el aire abandonaba sus pulmones.

Esos ojos.
Esos cuatro pares de ojos.

Eran los de Julian.

No solo el color. La forma. La forma silenciosa en que observaban, como si sopesaran el mundo sin juzgarlo. Richard retrocedió un paso tambaleándose.

El mayor, un niño de unos siete años, dio un paso adelante con valentía temblorosa.

"Mamá dice que eres nuestro abuelo", susurró.

La palabra cayó con un peso aplastante.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.