Un padre adinerado creía que su único hijo se había ido para siempre, hasta que se encontró con una mujer y cuatro niños con los ojos de su hijo en el cementerio. Lo que sucedió después lo obligó a tomar una decisión imposible.

Cerrando el círculo
Un año después, regresaron al cementerio.

Seis figuras caminaban entre las lápidas. Cuatro niños depositaban flores. Evelyn estaba cerca. Richard se acercó a la tumba de Julián y le habló en voz baja:

"Creí que te había perdido, hijo.
Pero me dejaste cuatro razones para volver a vivir".

Las hojas del roble susurraban suavemente. Los niños reían entre los árboles. Evelyn observaba con serena paz.

Nada borraba el pasado.
Pero el futuro finalmente echaba raíces.

Richard los miraba, no como un hombre poderoso, sino como lo que siempre había sido sin saberlo.

Un abuelo que llegó tarde...
pero llegó.

Porque a veces, la vida no devuelve lo que perdemos.

Lo multiplica.

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