Un padre rico regresa a casa y descubre que su ama de llaves está protegiendo a su hija ciega; la verdad que descubre lo conmociona profundamente...

Pero a veces, muy raramente, golpea fuerte, brutalmente, donde más duele: el ego y el bolsillo.

Esa noche, Sofía durmió plácidamente por primera vez en años.

El monstruo se había ido.

Quizás la imagen de un niño y el Despacho Oval.

Y su ángel de la guarda, María, velaba por sus sueños en la habitación contigua.

Roberto apagó la luz del pasillo, experimentando una paz inconmensurable.

Había perdido a una esposa trofeo.

Pero ella había reencontrado a su hija.

Y ese, para él, era el verdadero sentido de su vida.

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