Ya no como sirvienta.
Sino como un miembro más de la familia.
Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, en un hotel de mala muerte que tuvo que pagar con el poco dinero que le quedaba, Vanessa miraba fijamente su teléfono.
"Tarjeta rechazada".
"Acceso denegado".
Intentó llamar a sus "amigos" de la alta sociedad.
Nadie contestó.
Las noticias corren rápido, y nadie quiere que lo asocien con alguien que ha caído en desgracia y ha sido acusado de pedofilia.
Roberto se aseguró de que todos supieran la verdad.
Vanessa se quedó sola, mirando la pared húmeda de esa habitación lúgubre, dándose cuenta de que lo había perdido todo por su propia crueldad.
Dicen que la justicia es lenta.
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