Marcus cerró los ojos.
En la oscuridad, vio el rostro de Zoey.
"Vuelvo a casa, pequeña", susurró. “Vuelvo a casa.”
La evacuación transcurrió con calma. Los pasajeros descendieron por las escaleras de emergencia hacia los autobuses que los esperaban. El personal médico acudió rápidamente a la cabina mientras el capitán era trasladado a una camilla.
Marcus salió el último.
El aire islandés lo inundó con una sensación de frescura y limpieza.
Los funcionarios de la aerolínea y los servicios de emergencia se reunieron al pie de las escaleras. Algunos miraban confusos. Otros, asombrados.
Un hombre negro con un suéter gris salía de una cabina comercial.
Ryan estaba a su lado, explicándole todo: los fracasos, las acciones de Marcus, las decisiones que los salvaron a todos.
“Hizo lo que nadie más pudo”, dijo Ryan. “Piló ese avión cuando apenas era controlable. Lo aterrizó cuando aterrizar debería haber sido imposible.”
Un ejecutivo de la aerolínea se adelantó y extendió la mano en señal de gratitud en nombre de la aerolínea y de todos los pasajeros a bordo.
Marcus se la estrechó.
Mientras caminaba hacia la terminal, los pasajeros le extendieron la mano. Algunos le tocaron el brazo. Una mujer le puso un rosario en la palma de la mano. Otro hombre asintió, con evidente respeto.
Y luego estaba Carter Whitfield.
Se mantuvo apartado, con el rostro pálido, sin arrogancia. Cuando Marcus se acercó, Carter lo miró a los ojos.
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