Entonces llegó el invierno y todo se aclaró.
Primero cayó la nieve. Luego llegó el viento. Violentos vientos implacables que doblaban los árboles y desgarraban el pueblo. La gente permanecía despierta por la noche escuchando el crujir de los techos y el derrumbe de las cercas. Por la mañana, las láminas del techo yacían esparcidas por los patios.
Cuando la tormenta finalmente pasó, los vecinos salieron a evaluar los daños.
Muchas casas habían sufrido graves daños. Los techos estaban parcialmente destruidos. Faltaban tablas.
Pero su casa seguía intacta.
No había desaparecido ni una sola tabla.
Las estacas de madera habían soportado toda la fuerza del viento, desviándolo y redirigiéndolo hacia arriba. Mientras la tormenta arrasaba todo a su alrededor, su techo se mantuvo firme.
Solo después salió a la luz la verdad.
La mujer no había actuado por locura ni miedo. El invierno anterior, una poderosa tormenta de viento casi había destrozado su casa. Su esposo aún vivía. Le había hablado de una antigua técnica de defensa contra tormentas que se usaba en la zona, algo que la gente había olvidado hacía mucho tiempo.
Ella recordó sus palabras.
Siguió sus instrucciones.
Y solo entonces los aldeanos comprendieron: ese tejado nunca había tenido nada de raro.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
