UNA EMPLEADA DE LIMPIEZA ESCUCHÓ LA CONFESIÓN DE LA NOVIA MINUTOS ANTES DE LA BODA Y…

preguntó Carla preocupada. Completamente. Ya no puedo seguir viviendo con esta mentira. La noche llegó. En el comedor privado del restaurante más exclusivo de la ciudad, Sofía llegó como si nada, vestida de rojo, segura de sí misma. No sabía que aquella cena sería su ruina. Diego estaba serio, impenetrable. Lucía, vestida con un discreto vestido negro, permanecía en silencio, sentada al lado opuesto de la mesa. Sofía la miró con desprecio. Ella, ¿por qué está aquí? Porque tengo algo que decirte.

Intervino Lucía quitándose los lentes que usaba como parte de su disfraz. No me reconoces, Sofía. Sofía palideció. Sus ojos se agrandaron al ver el rostro de Lucía sin la máscara de Valentina. Tartamudeó. Tú aku, ¿qué haces aquí? Volví por la verdad y por justicia, respondió firme. Diego colocó el celular sobre la mesa, dio play al video. El silencio en la sala fue sepulcral. Las imágenes de Sofía besándose con Pablo brillaban en la pantalla. No había cómo negarlo.

Ella intentó tomar el teléfono, pero Diego lo retiró con fuerza. ¿Eso también es mentira?, preguntó él con los ojos vidriosos. Es un montaje, es una trampa. Esa mujer está loca. Y esto también es montaje, añadió Lucía sacando un sobre con copias de las transferencias bancarias y los contratos falsificados. También vas a decir que no conoces a Rivas Consulting. Sofía se levantó de golpe. Su voz temblaba. Ustedes me tendieron una trampa. Esto es ilegal. Lo ilegal es lo que tú hiciste.

Robaste medio millón de dólares y me mentiste durante años”, dijo Diego con una frialdad que congelaba. Sofía rompió en llanto. Por primera vez su máscara se resquebrajaba. “Yo te amaba. Pablo, solo fue un error. Basta, interrumpió Diego. Te vas de mi vida y te vas esta misma noche. ” Lucía la miró con compasión, pero no dijo nada. No por lástima, sino porque sabía que la caída de Sofía apenas comenzaba. Al salir del restaurante, Sofía fue abordada por un agente judicial con una notificación de investigación fiscal.

Los hilos que había manejado durante años se deshacían en segundos y mientras ella gritaba entre flashes y cámaras, Lucía y Diego se alejaban en silencio. La caída de Sofía Rivas fue tan rápida como su ascenso. Las noticias de la traición, el fraude financiero y su relación clandestina con Pablo Ríos se regaron como pólvora por los medios, redes sociales y círculos empresariales. La mujer que una vez fue el icono de la alta sociedad, ahora era sinónimo de escándalo.

Aunque Diego la denunció formalmente, su equipo legal logró llegar a un acuerdo. Sofía devolvió parte del dinero robado para evitar una condena penal, pero eso no la salvó del verdadero castigo, el desprecio público. Su rostro, que antes aparecía en portadas de revistas de moda, ahora era el blanco de memes y burlas. Las puertas se le cerraron. Su nombre se volvió tóxico. Fue abandonada por todos, incluso por Pablo, él más cobarde que valiente, había desaparecido con lo que quedaba del dinero, dejando a Sofía sola y sin recursos.

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