Los salarios eran más bajos.
La vivienda era más barata.
Inflación vs. estancamiento salarial.
Deuda estudiantil.
Asistencia sanitaria.
Fatiga por las propinas.
Era como si todos hubieran llevado este argumento en el bolsillo, esperando una excusa para sacarlo a relucir.
Y ahí estaba yo, sosteniendo mi café de la oficina como una ofrenda de paz.
Podía sentir ambas caras de la moneda tirando de mí.
Porque Frank no se equivocaba al decir que estaba despilfarrando dinero en conveniencia.
Pero mis compañeros de trabajo no se equivocaban al decir que el mundo era diferente.
El problema era que la gente no quería una conversación con matices.
Querían un villano.
Querían un ganador.
Querían una historia simple donde pudieras señalar una cosa y decir: "Por eso".
Jenna me miró con una media sonrisa.
"¿Y ahora qué haces?", preguntó.
Me encogí de hombros. “Cancelé algunas cosas”, dije. “Borré algunas aplicaciones”.
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