Una millonaria tocó la puerta de la casa más humilde de su empresa… y descubrió una realidad que ningún dinero le había enseñado.

Por primera vez en muchos años, Laura sintió algo que no podía comprar:

impotencia.

Laura Mendoza nunca había sentido algo así.
El dinero no servía. El poder no servía.

Lo que hizo a continuación cambió la vida de ese hombre… y la suya para siempre.
Parte 2…

Sacó el teléfono.

—Cancela todas mis reuniones —ordenó—. Consigue un pediatra. Ahora.

—Señora, yo no puedo pagar…

—No estoy pidiendo permiso.

La ambulancia privada llegó en minutos.
Los vecinos observaban en silencio.

El niño fue internado de inmediato.
Neumonía avanzada, pero tratable.

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