Ahora lo entendía.
Meses después,
El niño se había recuperado por completo. La casa azul fue renovada y el barrio preservado. Laura rechazó lucrativos proyectos inmobiliarios e invirtió en la comunidad.
Y discretamente, sin fanfarrias, ascendió a Carlos a un puesto directivo dentro de la empresa, ofreciéndole no solo estabilidad, sino también dignidad.
Años después, cuando le preguntaron sobre la decisión más importante de su carrera, Laura Mendoza no mencionó rascacielos ni ganancias.
Habló de una puerta azul agrietada en una calle sin pavimentar y de cómo cruzarla le enseñó algo que el dinero jamás podría.
Humanidad.
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