Una mujer pobre adopta a una niña huérfana, pero mientras la baña, descubre una horrible verdad.

Natalia García comprendió desde muy joven que el amor no era algo que llegaba por sí solo. Era algo que se buscaba en silencio, tras puertas cerradas, con documentos, paciencia y oraciones susurradas.
Su apartamento en Zaragoza era modesto pero inmaculado, ordenado con intención más que con calidez. Cada moneda estaba contabilizada. Cada hora cumplía una función. Incluso la soledad seguía una rutina.

Pasaba las mañanas trabajando en una panadería y las tardes limpiando oficinas cerca del Paseo Independencia. Nunca se quejaba. Simplemente llevaba la cuenta de sus turnos, sus recibos y el paso constante del tiempo.

Cuando murió su madre, la casa se vació dos veces: primero de una persona, luego de un sonido. Natalia seguía hirviendo agua por costumbre, como si alguien aún pudiera entrar por la puerta.

La idea de la adopción afloró gradualmente, como un moretón que se abre bajo la piel. Una tarde, vio a un niño solo en un banco del parque, con las piernas balanceándose como si el tiempo mismo pesara.

Finalmente se hizo la pregunta que había evitado por tanto tiempo: si tienes amor para dar, ¿es egoísta guardarlo bajo llave?

Su primera visita al Centro de Protección Infantil fue como entrar en un juzgado. Paredes blancas. Sillas de plástico. Sonrisas educadas que se cerraban en los ojos.

Le entregaron listas: requisitos, evaluaciones, inspecciones que redujeron su vida a medidas y recibos.

Natalia cumplió con todo. Ahorró. Respondió preguntas que parecían trampas. Aprendió a tragarse el escozor de la frase "estabilidad financiera".

Los meses se convirtieron en años. Los archivos desaparecieron en sistemas a los que no podía acceder. La esperanza no se desvaneció; simplemente aprendió a hablar con suavidad.

Entonces, una ventosa mañana de abril, sonó su teléfono mientras doblaba toallas. El número no le sonaba y se le encogió el estómago al instante.

Una voz tranquila se presentó como Alicia, del Centro de Protección Infantil de Zaragoza. Natalia captó la palabra "aprobado" y sintió que le flaqueaban las piernas.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.