“Le di un golpe muy fuerte a mi hermano en la pierna. Ahora tiene un moretón. Y va a morir… No era mi intención. Por favor, no me metas en la cárcel…”.
El agente se quedó desconcertado al principio, pero luego no pudo evitar sonreír. Abrazó con ternura a la niña que lloraba y le susurró:
“No, cariño. Tu hermano estará bien. Nadie muere por un moretón”.
La niña lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
“¿En serio?”
“En serio. Pero no debes volver a hacerlo, ¿de acuerdo?” “Sí…”
“¿Lo prometes?”
“Lo prometo…”
La niña se secó las lágrimas, se acurrucó junto a su madre y, por primera vez en varios días, la calma regresó a la comisaría.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
