El llavero del faro
Esa tarde, llamaron suavemente a la puerta de Lily.
Entró una mujer con un cárdigan abrigado, con el pelo canoso, con el porte como si hubiera apaciguado cien tormentas de la infancia.
"Hola, cariño", dijo. "¿Te acuerdas de mí?"
Lily parpadeó. Entonces su rostro cambió: reconocimiento, alivio y una sonrisa frágil.
"Señora Wanda".
"Soy yo", dijo Wanda Keene, acercando una silla. "He oído que te vendría bien un amigo".
Lily abrazó al Sr. Buttons con más fuerza.
"Dijeron que papá no regresó". Wanda metió la mano en su bolso y sacó una pequeña bolsita de terciopelo.
"Antes de que hablemos de eso, te traje algo."
Depositó en la palma de Lily un pequeño faro de madera: liso, tallado a mano, con pequeñas ventanas pintadas de blanco.
Lily jadeó.
"Papá lo hizo."
Wanda asintió con los ojos brillantes.
"Lo hizo hace años. Me pidió que lo guardara cuando las cosas se pusieran difíciles. Dijo que era un recordatorio."
Lily pasó el pulgar por el techo tallado.
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