El aire dentro estaba viciado. Nada dramático. Solo pesado, como una casa que no había oído risas en mucho tiempo. Tessa notó el suave zumbido de un refrigerador casi vacío, el ligero olor agrio de un fregadero sin enjuagar.
La voz de Lily tembló.
"No sabía qué más hacer. Papá dijo que volvería enseguida. Siempre vuelve".
Los ojos de Tessa se posaron en la encimera de la cocina. Una sola taza. Unas pocas migas. Nada de comida de verdad.
Afuera, se abrió la puerta de un vecino. Luego otra. La gente en pantuflas y batas se reunía en pequeños grupos, murmurando con la confianza de quienes creían saberlo todo.
Tessa lo oyó de todos modos.
"Adam Carver por fin se escapó".
"Pobrecito".
"Todos lo vimos venir".
Tessa tensó la mandíbula.
Se giró hacia Lily y mantuvo la voz suave, incluso cuando la urgencia agudizaba sus movimientos.
"Lily, te llevaré a un lugar seguro para que los médicos puedan curarte el estómago, ¿de acuerdo?"
Los párpados de Lily se agitaron.
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