Owen sintió la pregunta como un peso en el pecho, porque sabía que no se trataba solo de padres que se marchaban o madres que se quedaban dormidas, sino de cada puerta que permanecía cerrada cuando ella necesitaba que se abriera.
Se sentó frente a ella, en voz baja y segura.
"No", dijo. "Estoy aquí".
Ella dudó, luego le ofreció el meñique como hacen los niños cuando quieren que las palabras se conviertan en algo vinculante.
"¿Lo prometes?"
Owen enganchó su dedo con el de ella.
"Lo prometes".
El papeleo que no pudo superar el reloj
El hospital inició el proceso de aprobación de la terapia génica, y la respuesta de la aseguradora fue tal como Owen temía, envuelta en un lenguaje formal que pretendía ser neutral mientras causaba un daño real.
Denegada.
Apelación denegada de nuevo.
Doreen hacía llamadas, el Dr. Keats presentaba cartas, el Dr. Desai documentaba la urgencia, y aun así, las respuestas avanzaban lentamente, porque la burocracia no tenía pulso y no le importaba el debilitamiento muscular de un bebé.
En medio de todo esto, Doreen se sentó frente a Owen en un rincón tranquilo de la cafetería del hospital y pronunció la frase que le cambió la vida por completo.
"Si el tribunal te concede la tutela temporal", dijo, "podrás tomar decisiones médicas y solicitar fondos de emergencia más rápido que Tessa ahora mismo, porque el sistema la tiene de manos atadas".
Owen la miró fijamente, atónito.
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