Dirección. Repetir. Confirmar.
La mano de Clara tembló, pero sus palabras no.
Al colgar, Mila levantó la vista con los ojos muy abiertos.
"¿Vienen?"
Clara se secó la cara con el dorso de la mano y mantuvo un tono firme, firme como una roca.
"Sí", dijo. Y quiero que escuches esto: nadie volverá a jugar contigo así. Jamás.
Las sirenas afuera y el silencio finalmente rompiéndose
Se sentaron en el sofá
Clara envolvió a Mila en una manta, le ofreció agua y no insistió en más detalles; todavía no. Entendió algo importante:
A veces, los primeros auxilios no son vendas.
A veces, es asegurarse de que una niña finalmente sienta que no está sola en su propia historia.
Afuera, la ciudad seguía moviéndose como si fuera una noche normal. Dentro, Clara escuchaba cada sonido del pasillo como si importara.
Durante años, había vivido con un miedo constante: No empeorar las cosas.
No provocar una guerra legal. No darle una razón para cambiar las cosas. No dejar que la gente dude de ti. No dejar que el sistema te destruya.
Pero sentada allí, abrazando a su hija, Clara comprendió la verdad que había evitado:
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