Lo que ella llamaba "paz" no era paz.
Era silencio.
Y el silencio, cuando protege a quien causa daño, es solo otra puerta cerrada.
Una sirena atravesó la noche. Luego otra. Más cerca.
Mila se estremeció.
Clara la abrazó con más fuerza.
—Ese sonido es para nosotras —susurró—. Ese sonido significa que viene ayuda.
Pasos en las escaleras. Voces. El timbre.
Clara se quedó de pie con Mila aferrada a ella, y por primera vez en toda la noche, lo que le invadió el pecho no fue pánico.
Fue determinación.
Esta noche no era el fin de todo.
Era el fin del secreto. El fin del «juego». El fin de la amenaza.
Y el comienzo de una vida donde Mila estaría a salvo, costara lo que costara.
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